Hola a ti también.
Hola titis. Ayer me pasó una cosa genialisima. Llevaba dos semanas cabreada con un tío, total, que fui a su casa nada más salir de la facultad y lo primero que hizo fue quitarme la carpeta, el bolso y el abrigo para follarme, sin hablar. Empecé a mirarlo con mis ojitos puros y castos preguntándole que iba a hacerme. Eso debió de ponerle tanto que me cogió y empezó a comerme contra la pared. Tras desgarrarme las medias me tiró al suelo y dijo: este polvo va a ser sin sentimientos. GENIAL. Empezó a follarme como le gusta a él, sin mariconadas, y eso me puso mil. Cuando terminamos el que había sido uno de nuestros mejores polvos volvimos a lo de siempre, besitos ñoños y cariñitos.
Niñas, lo que renta es eso, salvaje follando y moñas el resto del tiempo.

NO.
Cuando quedas con un follafriend y no follas, cuando tu cara no te permite sonreir más al ver un whatsapp suyo, cuando aprovecha cualquier despiste de sus amigos para besarte, cuando te jode que quede con otra, cuando estais en su cama durante dos horas callados y abrazados sabes que ya NO es un follafriend.
Megafan de actualizar recién follada.
Si guapos, aquí estoy, sentada en el Metro con los labios desgarrados, 13 mordiscos y con temblor de piernas. Buenas noches.
Cookie.
Pedir perdón por morder en la cama está prohibido, titis.
Cunilingus everywhere
Llevaba dos meses de sequía y ya no recordaba lo que era un buen cunilingus. Ay Diosito.. solo puedo decir que la vida con cunilingus puede ser maravillosa. El buen humor debe de abundar, titis. Y si abunda eso, es que hay muucho sexo. Y eso, amigos, es BIEEN.
Pd: follad mucho guarrones.
No me toques que me excito
Llevo mas tiempo sin follar que ni me acuerdo de cuando fue el último.. Con tanto examen y tanta tontería no hay tiempo para nada. No se si es que estoy mal o que hace mucho que no mojo pero el otro día yendo a casa en bus, me encontraba sentada de piernas y con el meneillo y los baches me dio un mini orgasmo, COMO OS LO CUENTO, menos mal que no había nadie en el bus porque mj cara era un rato curiosa.. En finss que hay que follar mas que sino pasa lo que pasa.
Boys, boys, boys…
Propongo un brindis por esos tios que te hacen decir y hacer mil locuras, que hacen que les prometas que te vas a pasar 24 horas seguidas en su cama, que vienen a tu casa de sorpresa, que hacen que vayas a su casa de madrugada, que te llenan de moratones y arañazos, que te emborrachan un martes por la tarde, que te meten a un portal de repente para follarte y en especial, propongo un brindis por esos tíos que no quieren comprometerse.
Cookie.
Cuando estoy de vacaciones mi coño se vuelve de uso y disfrute público
“Has creado el monstruo y ahora ya no le visitas debajo de la cama.” Era lo que le solía decir a mi novio a los 17 años. Estuvimos saliendo un año hasta que me quitó la virginidad. Y fue el culpable de volver a una monja de clausura en una ninfómana empedernida.
Le encantaba hacerme rabiar. Rabiar en el sentido de morirme por un poco de sexo, y no dármelo hasta que se lo pidiese. Era como una drogadicta con el mono.
Entre sus pasatiempos se encontraba visitarme a casa durante mis exámenes. Bajo estrés estoy sexualmente (mas) activa, y el lo sabía de sobra. Llegaba cuando sabía que mis padres estaban en casa, saludaba con una sonrisa de hijo predilecto a los suegros, y cuando llegaba a mi cuarto no me daba tiempo a soltar el bolígrafo antes de que me sentase sobre la mesa. Me metía las manos, heladas por el frío de la calle, bajo el sujetador, y me besaba con fuerza, convirtiendo aquello en una lucha entre su lengua, sus manos y mi sorpresa. Las primeras veces intentaba quitarme, mera intención de niña recatada, pero a veces él respondía igual parando, lo que aumentaba mi excitación. Por lo que me dejaba domar. Esperaba a escuchar mi respiración agitada. Era entonces cuando empezaba a bajar sus manos despacio, recreándose en mi ombligo y juguteando con el lazo de mis braguitas. Y paraba. Y me miraba. Y me sonreía, con esa cara de tener a una fiera amansada. Y me preguntaba “¿Quieres que siga?” con el sonido de la tele de mis padres en la habitación contigua. Ante esa situación yo solo podía asentir con la cabeza. Subía la mano por mis piernas desnudas hasta llegar a la tela de mi pantalón corto. Me acariciaba los muslos con sus aún heladas manos, y me lamía, me arañaba, me mordía. Al tenerme sentada en el escritorio, él estaba de pie, lo cual convertía la situación en la altura perfecta para que la sintiese exactamente entre mis piernas, apretandome fuerte. Solía ser entonces cuando subía mas aún su mano, y comenzaba a juguetear con mis braguitas. Cuando el sonido de mi respiración y desperación eran demasiado peligro parental, me metía unndedo en la boca y acto seguido me la tapaba. Y ahí no podía mas. Apartaba mis braguitas con sus dedos, e introducía lentamente uno, para ir subiendo la cantidad a medida que aumentaban tambien mis jadeos. Era un suplicio. No poder gritar y no querer parar me volvía un pobre león amaestrado. Entonces paraba, sonreía, me acariciaba la entrepierna en un último brinco y me decía “Esto ya lo resolveremos tu y yo otro día.” Y se iba. Y ahí me quedaba yo, con las bragas caladas, el bolígrafo en la mano y el calentón entre las piernas.
Este era solo uno de sus muchos pasatiempos, donde disfrutaba viendo como yo me moría por como me ponía.
-Apple pie.
Ser yonqui te da un aire barriobajero que vuelve locas a las mujeres.